Un mito… Alfred Hitchcock

Un post de Susana S.

Hitch, el maestro del suspense. “Imagínese a un hombre sentado en el sofá de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense” (El cine según Hitchcock – François Truffaut).

Británico, hijo de tenderos católicos, solitario, lector de Dickens y Poe, Hitchcock apuntó maneras desde el primer momento. Su primera cinta, que nunca se estrenó, desafiaba a la mala suerte titulándose Número 13. Su primera película importante fue El enemigo de las rubias (1927), cine mudo .

El_enemigo_de_las_rubias-508721270-large

Supo adaptarse a los nuevos tiempos y reinventarse en el cine sonoro. El milagro fue posible porque en su persona se aunaban una gran capacidad para innovar, un excepcional dominio de la técnica cinematográfica y un inaudito perfeccionismo.

Aunque nunca ganó un Oscar, Hitchcock nos ha legado decenas de películas y escenas inolvidables.

Por su culpa sufrimos una tétrica indigestión en La soga (1948), nos rodeamos de glamour en Atrapa a un ladrón (1955), nos convertimos en voyeurs junto a James Stewart en La ventana indiscreta (1954), nos subimos a un campanario con Madeleine (Kim Novak) en Vértigo (De entre los muertos) (1958), fuimos cómplices del pacto más siniestro en Extraños en un tren (1951), nos sumergimos en un bote a la deriva en Náufragos (1944)y tuvimos pesadillas recurrentes con la madre de Norman Bates en Psicosis (1960). Porque era capaz de convertir un simple momento con pájaros en una escena de auténtico terror.

Escena de Los pájaros (1963)

Perfeccionista hasta la obsesión, llegó a repetir una película (El hombre que sabía demasiado, 1934 y 1956) porque no le gustó el resultado de la primera versión. E incluso se alió con otro genio, Salvador Dalí, para dar vida a las secuencias oníricas de Recuerda (1945).

Efectista y egocéntrico, no renunció a protagonizar sus propios planos en las películas.Y tal expectación despertaban sus habituales cameos que se vio obligado a incluirlos al principio del metraje para evitar que el público se centrase en saber cuándo aparecía en pantalla y se olvidase de la historia.

Y, como buen genio, tenía muchas y variadas excentricidades. Una de las más comentadas, su pasión obsesiva por las actrices rubias. La primera, Madeleine Carroll, protagonista de 39 escalones (1935); tras ella, Kim Novak, Tippi Hedren, Ingrid Bergman o Grace Kelly sufrieron, y no siempre en silencio, al genial director.

Recientemente se ha estrenado el biopic Hitchcok (2012), protagonizado por Anthony Hopkins y Helen Mirren volviendo a traer a la actualidad al genial y controvertido director.

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